martes, 4 de noviembre de 2014

MI PROPIO FUNDIDO A NEGRO

            Sin poder respirar un segundo. Sin poder hablar. Sin dejar de temblar. Se desvanece todo en un oscuro fundido a negro. Un negro que ahoga, que acongoja, que termina y da paso al final de todo. El final de la historia. No habrá créditos después. Solamente acaba. No preguntéis por qué. No habrá secuela. Ni saga ni “precuela”. Nada. Sólo negro.
            El discurso terminó, y apenas ha terminado la película. Quieres soñar con una segunda parte, pero el director murió, el guionista se perdió en sus palabras sin encontrar su propio entendimiento. El claquetista quemó su claqueta para darse calor. Aunque no hay suficiente madera. A la cámara no le queda película. Al travelling se le acabaron los raíles. Las lentes están empañadas por tus lágrimas. No pretendas ver más allá, porque solo hay vaho.

            No habrá más romances reconciliados. No habrá más comedias de terror. No habrá más suspense con payasos. No quedarán bandas sonoras originales que cuenten su historia. Ni violines que susciten al lloro ni trompetas que hagan reír. No habrá flautines que den calma. No habrá focos que iluminen tu cara, sonriente al viento de un enorme ventilador. No habrá vatios de alimentación ni rollos de película. No habrá un cámara que enfoque a tus ojos. Ni director que los escrute. No habrá montaje secuencial, ni historias en paralelo. No volverás a verme entre los bastidores, ni en el espejo del camerino sin bombillas. No volveremos a nuestra bahía, ni los peces acariciarán los cordones de nuestros zapatos. Y todo porque no te soporto. Todo porque la película que rodamos juntos ardió en el fuego de la casa que se quemó y que habíamos construido. No volverás a verme nunca más en plano secuencia. No volverás a cruzar tus ojos con los míos en el primer plano que tanto nos gustaba, o por lo menos a mí. No volverás a leer un guión en el que seamos nosotros, porque las películas que no están basadas en hechos reales no me gustan. Ha llegado el momento de dar con mi propio fundido a negro.

INSUFICIENTE CADENCIA

   No importa dónde esté... No importa el plano en el que me captures. No me importa si me mides en milímetros o en distancia focal. No me importa si por las noches me ves a 15 fotogramas por segundo y por el día a 24. No te importa la cadencia a la que funciona mi corazón, ni si busco tu mirada en mi más cercano primer plano. Al fin y al cabo, soy sólo otro punto de vista... Un punto de vista que ni es el tuyo ni yo entiendo. No te culpo. Sólo sé que funciono. Sólo sé que registro momentos, y quedan grabados en mi interior. Momentos que en cualquier momento podría sobreexponer y regrabar para olvidarlos. Simplemente, paso. No voy a renunciar a mi forma de ser, a mi esencia. No voy a renunciar a la sensibilidad de mi película. Ni a mi cálida temperatura de color, que algún día dará calor a alguna historia afortunada.
   Soñamos nuestra propia historia genial. Por eso hacemos todo lo posible por hacerla realidad. Pero nunca nos da el encuadre para tanto. Los fotogramas no corren lo suficientemente rápido, y las panorámicas son siempre tan cortas. Nos servimos de elementos humanos para expresar lo que no comprendemos.
   Yo hace tiempo que dejé de comprender, y me dediqué sólo a expresar. Aún con todo, los fotogramas seguían siendo insuficientes, y las panorámicas no eran largas. Por eso, mi película aún no está terminada.


martes, 13 de mayo de 2014

DIANA

Eran esos momentos. Precisamente esos momentos. Momentos en los que era capaz de hacer resucitar mi corazón, de lograr que se me erizara el pelo... y acto seguido, en apenas medio segundo después, devolverme a mi lugar de origen... el fondo del océano. Húmedo. Oscuro. Pero ahora no es mi momento. Ni de enamorarme ni de odiar. Aunque, de todas formas, tengo tendencia a ambos. Le toca mover ficha. Hay tantas cosas... Un arco, cinco flechas, un hornillo de camping y una botella de cerveza vacía... Cosas sin significado que ahora queman en mi cabeza. Un pequeño "Fiat". Un disco de Franz Ferdinand y "Always on my Mind" en la radio. Muchos nombres. "Molly", "Campingaz", "Rammstein"... Nada será de la misma forma. Tomo mi arco. Lo desenfundo y tenso la goma. Siempre lo cojo con la izquierda. Con la mano derecha agarro mis flechillas azules y blancas. Compruebo la punta y tenso. Calculo el paralelaje. La perspectiva y el viento me traicionan. Cierro un ojo, aunque es innecesario. Mis dedos dejan de dar tensión. La cuerda raspa sus puntas. Y fluye. Escucho el silbido de la goma muy cerca de mi cara. La flecha hace un extraño ademán. Las fibras de carbono se deforman. Después, por arte de magia, se endereza hasta su destino. Las plumas hacen que no cambie de rumbo. Una vez que disparas, no hay vuelta atrás. Un chasquido y diana.
FOTO DE © Marina López 2014

viernes, 25 de abril de 2014

PERDIDO

   No puede haber una fotografía. Los vídeos siguen ocultos. Como mi corazón, oscuro y perdido. Un día realizas una llamada telefónica. Siete días después nada vuelve a ser lo mismo. Fuiste exageradamente feliz, pero sentiste demasiadas cosas. Y el corazón tiene apenas unas venas para canalizarlo todo. Así que no puede con ello. Y sigue dando vueltas por la cabeza.
   Sigo sin ser capaz de procesar. Nada saldrá de aquí. Lo guardaré todo en mi sótano húmedo y oscuro. Cerraré la puerta y, esta vez, tiraré la llave. Lejos de mí, con la esperanza de que un día alguien la encuentre y pueda abrirla. Sin miedos. Sin temores.
   Una enorme jarra de cerveza, chorreando espuma. Que refesca en el momento, se saborea después, y se abandona a la hora de pagar. Y queda sola, encima de la barra, como si no hubiera pasado nada. Sólo que ahora la cerveza está vacía.
   Nunca aprenderé, que no se puede ir por la vida tomando cervezas. Nunca habrán de beber de la mía.

       

lunes, 14 de abril de 2014

CUANDO NO SABES QUÉ HACER

   Un día te levantas y tu almohada está en tus pies. Tu cabeza está en el suelo. Tu vida, patas arriba. Cuando no sé qué hacer, no sé ni hacia dónde huir. Ni qué hacer. Ni qué sentir. O sentirlo todo.
   Ahora estoy patas arriba. No sé ni quién soy, ni en dónde estoy ni hacia dónde voy. Busco apoyo, pero cada persona me dice que sienta una cosa diferente. Y mi cabeza dice basta. Mientras mi corazón sigue latiendo, inevitablemente, dispuesto a latir por más de una persona. Y de dos. Y de tres... Yo tan sólo quiero que se pare. Y que deje de latir a favor de unos o de otros, y que lata tan sólo por y para mí. Pero no puedo.
   Cuando no sé qué hacer, me refugio en mi propia soledad e introversión. Lo excuso como "mis momentos de poner mi cabeza en orden". Y simplemente digo: "Necesito estar solo". Pero no sé si es solo como quiero estar. O si necesito que alguien venga por la espalda, me abrace fuertemente, sin escapatoria alguna, sin soltarme... y decirme asquerosa y desgarradoramente suave: "Te quiero".
   Y así, luego podría pensar: "Pobre infeliz". Porque los "Te quiero" ya no los digiero. Ni los soporto. Ni los busco ni los deseo, aunque los necesite. Porque prefiero martirizarme y aprender a palos, como he hecho absolutamente durante toda mi vida. La vida no me es emocionante si no la dedico al masoquismo. No aprendo de ella si no recibo buena paliza a cambio. Y aún así... me cuesta.
   Cuando no sé qué hacer, me quedo paralizado, atascado. Me dicen: "Hola". Y no respondo. Y si lo hago, es con un vago movimiento de barbilla. Cuando no sé qué hacer, dejo de ser yo. Paso de hombre a piedra. Mi creatividad se ralentiza. Mi mente se anula. Y mis sentimientos explotan. Cuando no sé qué hacer, ni siquiera soy capaz de dar una estructura a un texto para que mantenga cierta coherencia. Palabras inconexas de pensamientos aún menos conexos.
   Sólo quiero salir corriendo. Y gritar a la nada. Mi historia es interminable... hasta que llega la nada. Y lo devasta todo. Pero es precisamente lo que busco. Que no quede nada. Poder ir, mirar a los ojos fijamente y poder decir: "Nada". Mas, en el momento de decirlo, no veo unos ojos, sino un cristalino transparente. Que me atrapa y me impide huir. Y quedo prendado de esos ojos. De esos ojos marrones. De esos ojos claros. De esos ojos azulesverdesgrisesopacoscasioscuros que mi daltonismo es incapaz de diferenciar. Esos cabellos morenoscastañosrubiosteñidosinteñir que los ocultan bajosobretras un flequillo cortolargodespeinado.
   Cuando no sé qué hacer. No sé en qué pensar. Ni qué sentir. Ni por quién sentir. Ya no sé si es "la" cuando "le" o si es "sólo" que quiero estar "solo". Definitivamente, nada es lo mismo. Mis creaciones no van a ninguna parte. Aquello en lo que me creía productivo es volátil e inútil. Lo que se me daba bien no es más que una nueva extensión de mi torpeza. Vuelve el abismo. Creía que no caería tan al fondo...
   Y sigo cayendo...
                      Y cayendo...
                             Y cayendo...
                               Y cayendo...
                                 Cada vez más vertical...
                                 Y más...
                                  Y más...
                                  Hasta que...
   Ni siquiera sé hasta cuándo podré aguantar. No sé cuándo empezaré a tomar decisiones de una maldita vez. Y huir. No sentir nada. Por nada ni por nadie. Y empezar a sentir por y para mí. Yo ya no puedo dar el paso por mí mismo. Porque tengo miedo. Y no sé salir de aquí. Y estoy en un bucle del que no puedo salir... Porque estoy atrapado. Porque lo quiero todo a la vez, y sufro al saber que todo es incompatible. Y me doy cuenta de que no soy feliz teniéndolo todo, así que sólo me conformaré con tener lo mejor. Un buen pensamiento para el final de un mal escrito.

Buenas noches, y buena suerte.

miércoles, 5 de marzo de 2014

COSAS QUE NO ESPERAS QUE PASEN PERO PASAN

   Hay cosas que crees que nunca te pasarían, hasta el momento en el que dices "¡Mira tú por dónde!". Llegas a un momento inesperado en el que casi no te has dado cuenta cómo han cambiado las cosas. A mí me suele pasar a menudo. Detalles que puedo estar ignorando durante todo un año, de pronto descubro que ya forma parte de mi vida, y todo por no querer antes, o ignorar lo que pasa por delante de mis ojos.
   Sabes que podrías haber empleado el tiempo mucho antes en disfrutar, en prestar atención a esos detalles. Pero, como se suele decir, más vale tarde que nunca.
   No desperdicies las nuevas oportunidades que se tropiezan contigo, que muchas veces pasaron ante tus ojos con luces de neón y que ignoraste por no querer ver. Buena suerte en tu mundo nuevo de posibilidades nuevas; bienvenido a tu propia experiencia.
                         
        


sábado, 1 de marzo de 2014

CUANDO NO ME GUSTA LO QUE VEO

   En mi recuerdo aún conservo imágenes. Imágenes que a veces dan paso a otras, que se borran para hacer hueco a las que llegan nuevas y otras que son imborrables. Cuando pretendo olvidar aquellas que me duelen y no lo consigo, procuro olvidar que tengo que recordarlas. A veces lo consigo y a veces no. La única ventaja que tengo es que a estas alturas de la vida no me tengo que traumatizar por nada. Procuro aprender de cada nueva experiencia, vivir las que vienen nuevas sin tener que olvidar las que me desalentaron en el pasado.
   Cuando no me gusta lo que veo, procuro no darlo mayor importancia. Si es una nueva experiencia que me ofrecen, oprimo el obturador de mi cámara y lo añado a la enorme colección de mi vida. Dadme las escenas, que yo ya me monto la película. Si me acuerdo...

miércoles, 26 de febrero de 2014

ERRORES

   Todos la liamos de una forma curiosa con más frecuencia de la que nos gustaría. Sin embargo hay quien conserva la capacidad de asumirlo y, ya no digo conseguir, sino intentar redireccionar su actitud. Lo único frustrante es cuando alguien está bastante acostumbrado a errar y a no reconocerlo cuando el daño ya está hecho.
   Y por si no fuera poco, cuando otra persona erra en su perjuicio, es como si se produjera una hecatombe que le será recriminada hasta que pase el suficiente tiempo como para considerar el mal perdonado.
   Yo no soy excepción. Cometo errores, uno tras otro. Pero, por lo menos, considero que poseo las suficientes competencias como para poder retractarme a tiempo, asumiendo que cualquier acto no me exime de culpa. Estas líneas son el resultado de acontecimientos que ya me son demasiado reiterados y la respuesta de haber tenido que soportar historietas de peculiar motivación que han hecho que me aburra de la gente.
   Ahora me categorizo con el adjetivo de "borde". Pero, si soy borde, es porque la gente ya ha sido borde antes que yo, solo que no se dan cuenta hasta que lo soy yo con ellos. Y no les gusta. ¡Qué cosas pasan! Es en ese momento en el que, al ver la paja en el ojo ajeno, no tienen inconveniente en criticar, aún cuando no soy más que el reflejo de ellos mismos. Un reflejo demasiado cansado y aburrido de la bipolaridad de las personas. Como dije hace no demasiado: no puedo decir que "la gente es muy ignorante" sino que "la gente carece de ciertas competencias culturales".
   Quien sea capaz de comprender la contextualización de este escrito y entresacar el verdadero sentido sin atenerse a interpretaciones ambiguas, puede aportar posibles críticas y soluciones al problema planteado. Quien no sea capaz de aportar nada productivo, por favor, abstenerse.
                                 

lunes, 24 de febrero de 2014

VICIOS

   Todos tenemos nuestros vicios. Algunos son sanos a veces hasta interesantes. Otros desearíamos no tener bien porque consumen nuestro tiempo, nuestro cuerpo o nuestro dinero. A veces actuamos sin pensar. Y, a pesar de que sabemos que algo es incorrecto, inadecuado o inoportuno, repetimos esa acción una y otra vez. Cuando los vicios se convierten en adicciones pasa a ser necesidades en lugar de caprichos.
  Después es cuando intentamos convencernos de que no dependemos de nada. Grandes mentirosos... Todos dependemos de todo. Gente que no sabe vivir sin tabaco, sin televisión sin Internet... Y, a pesar de que muchas veces nos encontramos con situaciones que no nos gusta presenciar, volvemos a arriesgarnos para continuar siguiendo la corriente de nuestros vicios.
   Un día de estos, nos vamos a llevar un susto y, sólo cuando ya no hay nada que hacer, despertaremos de nuestro sueño.
         

lunes, 17 de febrero de 2014

COMO POCO, CAFÉ

   Este es mi café de la tarde. Como se entere el camarero de que no tengo con qué pagar me mata. La salida está demasiado lejos. Y él demasiado cerca... El aroma del café sigue en mi boca. Jugueteo nervioso con el papelote del azucarillo. ¡Hecho a correr! No, mejor no... Finjo que miro la hora un par de veces. Tanta gente a mi alrededor y soy incapaz de pasar desapercibido. Miro a mi izquierda. Los de segundo curso que hablan en la mesa. Miro a mi derecha, el técnico de los cachivaches que a veces nos deja la uni. Pero el camarero... Dando vueltas a mi alrededor. Quedan cinco minutos de clase. Tengo que irme. Que sea lo que Dios quiera...

miércoles, 12 de febrero de 2014

ENTRE EL FUEGO DE METRALLA

   Un día nos viene la inspiración y, sin casi darnos cuenta, nuestra vida la empezamos a vivir en fotogramas por segundo. Un beso se nos proyecta a cámara lenta. Cuando estamos al lado de esa persona que tanto nos gusta no nos damos cuenta de que el rollo de película ya ha terminado. A nuestros amigos son primeros planos, nuestros enemigos apenas uno general rapidito, mas a nuestros amores les queremos en un primerísimo primer plano o incluso, dependiendo del contexto, en muchos y lentos planos detalle. Cuando tenemos miedo y nuestra vida se tambalea, tratamos de compensarlo con un bonito aberrante, tal vez en blanco y negro cuando estamos tristes. Los recuerdos más cálidos siempre fueron en sepia, y las clases siempre quisimos que fueran a ochocientos fotogramas por segundo... pero luego nos dábamos cuenta de que no subían de veinticuatro. Recuerdo aquellos campamentos en "Steady". Recuerdo aquellos "travelling" a lo largo de los pasillos de la universidad. Aquellos besos en "slow motion". Aquellos guiones demasiado largos que siempre tenían finales alternativos...

   Y un día... ¡puff! No te das ni cuenta de que no puedes salir de ese mundo. Que la ciudad me da el escenario. Que el sol es suficiente para la iluminación. Que el viento me da la banda sonora de fondo. Y que la cámara me aporta el punto de vista... Y que yo... sólo le doy a grabar.
   Y grabo, y recuerdo, y nunca dejo nada. Cada imagen quema mi retina, una vez tras otra. Algunas veces a veinticuatro fotogramas por segundo. A dieciocho cuando estoy cansado. Lo más dramático lo recuerdo en formato académico y lo que quiero olvidar, me basta con un PAL estándar. Todo queda en mi cabeza. Un rollo de película que, probablemente, no se proyecte nunca... Porque hay planos que me guardo para mí. Sólo lo que muestro es una ínfima parte de la belleza que hay en todo mi celuloide.

martes, 11 de febrero de 2014

HAN PASADO MUCHAS COSAS

   Desde la última vez que escribí, han pasado muchas cosas. Demasiadas. Unas buenas, otras no tanto. Las personas que iniciaron mi blog, han cambiado también, tanto o más que yo. Ahora escribo para reintentar rescatar lo que fue en su momento y que ahora no es. La persona a la que le dediqué sus dieciocho ya no existe. No fue bien. Tranquilos; nadie ha muerto. Simplemente la vida es complicada.
   Desde la última vez que escribí, ya no vivo en la misma ciudad. Adiós, hogar. De nuevo te abandono para emprender una etapa más de mi vida. Esta vez en aquello que llaman "Universidad" y que vuelven a arrancar de mis ojos el arte que son capaces de imaginar.
   Desde la última vez que escribí, he madurado mucho. Demasiado. Incluso cuando creía que no podía madurar más. Pero, al fin y al cabo, la vida te sigue dando los guantazos que un día juraste devolver, y que no pudiste porque, simplemente, te consideras una buena persona, sea verdad, o no. Y aquí estoy. Sufriendo por personas que hacía tiempo que debí olvidar y expulsar de mi vida, porque no se la merecen. En fin... Como siempre digo... Deja que fluya, poco a poco.
   Desde la última vez que escribí, ya no soy lo que fui. He cambiado la "B" por la "V". Lo estático por el movimiento. Y eso me ha permitido conocer gente. Gente que ayuda, pero también indiferente. No obstante, gente genial que ni me imaginé, y que poco a poco, van cultivando mi experiencia como VideoBlogger. Viajes, risas, anécdotas, sentimientos, experiencias. Nunca rechazaré nada si, para bien o para mal, enriquecen de algún modo lo que soy ahora.
   Desde la última vez que escribí, sí, lo reconozco, no puedo decir que haya mejorado como persona. Soy más rudo con la gente, intolerante con los que me perjudican, precavido con los que me quieren, si los hubiere. Lo lamento. Es el momento de que descanse. Para todo hay un proceso. Te hieren, te recuperas, te vuelven a herir, y te tienes que recuperar de nuevo. Con todas sus consecuencias.
   Desde la última vez que escribí, pido perdón a todos aquellos que me quieren, o que quieren quererme, por no poder ser más transparente, más cálido. Ahora me toca ser egoísta. Ya he dado demasiado. Aunque no es eso lo que me importa. Me considero generoso. Me gusta dar y compartir, sobre todo experiencias. Lo que me resulta insultante es que, para la gente, lo hago en vano. Y dar todo lo mejor de tí en vano es realmente frustrante. Es por ello que no volveré a dar nada hasta que considere que se me haya devuelto todo lo que me han "arrebatado", entre otras cosas, el corazón.
   Hasta entonces... Buenas noches, y buena suerte.
        

domingo, 6 de octubre de 2013

DIECIOCHO

   Llegarán momentos difíciles, llegarán momentos tortuosos... pero es lo que tiene dejar de ser un niño... Ganarás muchas otras cosas, y sentirás que tu vida comienza en este momento. Tu libertad será ahora tu billete al viaje que comienzas hoy. Nunca te arrepientas de lo que hagas. Todo lo que hagas a partir de ahora, será importante, y los fracasos no serán más que una nueva forma de aprender y afrontar la vida para que en el futuro recuerdes aquella experiencia que tuviste... Mucha suerte a partir de ahora... Bienvenido de nuevo a la vida.

jueves, 3 de octubre de 2013

HOTEL KIMERA - III LA SEXTA PLANTA



   El padrino se levantó de su exclusivo asiento y comenzó a dar vueltas sin destino fijo, contemplando a sus expectantes súbditos, durante varios e interminables minutos, que se encontraban alrededor de la mesa ovalada de madera oscura.

   Cogió la carpeta y sacó uno de los papeles de ella. Parecía una lista de algo. Volvió a dejar la carpeta encima de la mesa haciendo el mayor ruido posible. Más de uno se sobresaltó ante el golpetazo que sonó. Al fin, el padrino, habló:

   —Bien. Empezaremos la reunión tomando nota de los asistentes, aunque ya sé que han asistido todos los solicitados. Gracias por ello. Por favor, vayan levantándose según les vaya nombrando. No se preocupen, sólo es una acción rutinaria. —Comenzó a leer el papel con la lista. No necesitaba gafas para ello— Thomas Harvey, —el aludido se levantó un instante y el resto le imitó a medida que eran nombrados— Ignatius Railway, Borgia Calitri, Martin Michael, Rufus Case, Roger Boudembourg, Franchessco Pirelli, Brian O’Sullivan, Arthur Ellroy, Tanner Millers, —levanté el brazo ya que ya estaba de pie— Ludwig Hinkel, Desmond Martin, Sean McAston, Nicholas Dubois, James Ford, Lukas Corrigan, Trent Ashley, John Ditter, David Calosso y Brad Honey.

   Todos ellos estaban vestidos de “uniforme”, expectantes y atentos a todos y cada uno de los movimientos y gestos que efectuaba el padrino. Pasados todos lista como si fuéramos estudiantes, ahora era cuando la cosa se ponía tensa y emocionante, aunque no para bien, y ahora era cuando comenzaban los fuegos artificiales.

   El padrino no era desconocido por nadie (si no, qué poco sentido de Familia habría) pero ahora todo el mundo le veían como un extraño del cual dependíamos todos.

   —Bien, caballeros, pónganse cómodos…—me separé de Arthur y me apoyé en la pared, justo al lado de una enorme ventana tapada con una de esas cortinillas de tiras de chapilla azul oscuro. No se podía ver la calle porque las tiras estaban cerradas. El padrino continuó hablando. Su voz no era áspera, ni se le notaba ningún nerviosismo. —Pónganse cómodos porque lo que voy a tratar en esta importantísima reunión es primordial para toda la Familia, y por tanto, para todos nosotros. Pero antes —cambió de tono de voz —quiero tratar otro tema primordial que afecta a la Familia. Esta noche ha sido violado el principio del respeto y la confianza de nuestra Familia. —colocó la palma de la mano derecha sobre el pañuelo blanco de encima de la mesa. La otra mano la metió en el bolsillo. Arthur hizo como que prestaba más atención. Su piel blanca cogió color durante un segundo. Yo ya sabía qué había debajo de ese pañuelo. Estaba seguro. —Mi camarada, Ellroy, ha sido atacado miserablemente por uno de los ocupantes del hotel. Y les aseguro que no se trata de nadie del servicio, no. Tampoco se trata de ninguno de mis… guardias —hizo un énfasis en esa palabra. —. Lo sé porque ninguno de ellos usa una Walther PPK. Uno de ustedes ha sido quien le ha atacado. —esperó nuestra reacción. Luego prosiguió —Es imposible que haya sido él mismo. Sería absurdo. A menos que supiera que no sospecharíamos de él aunque lo hiciera. Pero entonces nosotros podríamos pensar que él haría eso y por tanto no lo haría. Pero él podría pensar que nosotros pensaríamos que él podría pensar que no lo haría, y por eso lo podría hacer y nosotros pensando que no lo haría. —todos nos miramos entre nosotros al escuchar el retorcido y poco coherente pero lógico discurso. Prosiguió. —Conozco a Arthur Ellroy lo suficiente como para saber que sería demasiado inteligente para plantear un dilema tan absurdo como ese. Pero ahora no nos dispersemos. —Desenvolvió lo que había oculto bajo el pañuelo y descubrió la pequeña Walther plateada. Tenía una abolladura pequeña en la empuñadura. El padrino la sopesó haciéndola botar encima de su manaza llena de arrugas. —Es una buena arma. Lástima que ahora no funcione, ya que no encaja el cargador como debería —lo demostró intentando desencajar el cargador de la empuñadura, pero en vano— Un certero disparo de nuestro camarada Millers pudo evitar el atentado. —mostró la abolladura del arma al resto mientras me aplaudían. Yo me ruboricé. Brian O’ Sullivan era el único que no aplaudía. Antes bien, crujió lo nudillos. El padrino observó el arma con detenimiento. Todos callaron cuando empezó a hablar. —Da la casualidad de que sólo una persona que conozca usa esta arma: modelo Walther PPK, ligera y eficaz, aunque posiblemente desaprovechada. Sólo el gobierno usa esta arma. El gobierno y… —todos nos tensamos. Se descubriría quién era el causante del atentado. Pero… ¿Y si no lo era y disparaba a otro? La vida de nosotros estaba a una palabra del padrino. ¿Y si se había creído que en verdad Arthur había ideado el engaño del atentado? No podría soportarlo. Estaba dispuesto a interponerme. Aunque pareciera impropio de mí, le quería lo suficiente. Tensé los músculos de las piernas desde mi ventana preparado para el salto. Arthur parecía tener la misma idea. Tal vez había metido demasiado el hocico en el asunto. Noté que casi clavaba las uñas en el borde del sillón. Estaba muy tenso. El padrino acabó la frase ante la espera de todos. —Brian O’ Sullivan. —el aludido tuvo el valor de salir corriendo. Dos disparos demasiado potentes me hicieron cerrar los ojos hacia otro lado. Cuando los abrí me horroricé ante la escena, pero me mantuve sereno. Un charco de sangre pringaba el suelo de mármol azul, dejando un leve resplandor morado en el pegajoso líquido. Brian O’ Sullivan yacía en el suelo, inerte, con la mirada de terror bloqueada en sus ojos, que miraban vacíos directamente hacia mí. Eso me hizo sentir culpable, ya que yo, en parte, había sido el causante de este hecho. Eso era lo que más detestaba de la Familia. Todo se resolvía con una palabra llena de sangre.

   Arthur me dirigió una mirada de gravedad. Me hizo una seña de que no me preocupara. Suponía que eso debería de ser así. Lo dejé estar.

   Noté que un hilillo de sangre caía desde mi nariz. Lo solucioné con un pañuelo de tela que tenía en el bolsillo interior.

   El padrino intentó excusarse, sin éxito para mí, del terrible acto que acabábamos de presenciar. A veces resultaba duro ver la muerte de tu propio enemigo. Cuando se queda uno a pensarlo saca conclusiones espeluznantes sobre la muerte. La muerte es como un vacío. Imaginarse que con un simple disparo o con una simple decisión de alguien, pueda acabarse la vida. Piensas en la muerte y de repente tu mente se queda negra. Imaginarse la nada, pero la nada de verdad. Se acaba y se acaba. Punto. Hay nada al otro lado. Vives y de repente ya no. Es impresionante. Es fascinante. Es horrible. Pensar en nada. Vivir en nada.

   —Lamento mucho que hayan tenido que presenciar este lamentable suceso. Pero así son las cosas. A veces hay que cumplir ciertas normas que no convienen desacatar o ignorar. —guardó un desproporcionado revólver que humeaba en un cajón oculto a la vista debajo de la mesa.

   Nadie se atrevía a mirar a nadie. Sólo estábamos atentos a los movimientos del padrino, como si fuera nuestro führer, “él manda, nosotros obedecemos”. El padrino se sentó en su trono y encendió una pipa que se sacó del bolsillo. Todos nos embriagamos al olisquear el humeante ambiente que se creó en un segundo.

   —Caballeros. Les he convocado aquí para comunicarles un asunto personal, aunque les influya directamente a ustedes. Verán… fundé esta Familia allá por el 49. Son ya muchos los años y las penurias que he pasado a lo largo de ese tiempo. Pero nunca me arrepentiré de ello. Jamás. Esta Familia es más familia mía que mi propia familia. Bueno… ahora no les quiero aburrir expresándoles mis desgastados sentimientos. —se rió sin ganas— Les comunico que llevo bastante tiempo planteándome un problema que tarde o temprano tendría que revelar. Me di cuenta de que me empezaba a hacer viejo. Ya no soy lo que era en mis tiempos de gloria. Eso es agua muy pasada.

   »El caso es que me preocupaba la idea de, algún día, tuviera que dejar la Familia por motivos de vejez. Creo que ese día ya ha llegado. Sí, señores. Dejo la Familia —todos abrimos los ojos, incrédulos. —Lo siento, pero creo que ya he dado lo suficiente por esta Familia. Me gustaría asentarme de una vez y disfrutar de lo que me queda. —Sus ojos cogieron un brillo soñador —Pero no crean que pienso dejar esto así por las buenas, tal y como quede… ¡No!— cogió un tono potente que hasta parecía enojado. —No pienso dejar a la Familia a su suerte. Pienso en un heredero, alguien que me suceda, alguien que se merezca este puesto, alguien que sea digno de él. ¡Por eso precisamente les he convocado, caray! —hablaba como si todavía no nos hubiéramos dado cuenta qué narices nos estaba contando. —Necesito… necesitan —corrigió— un padrino adecuado. Y uno de ustedes gozará del privilegio de serlo. Sus futuros se encuentran en esta sala de la sexta planta del Hotel Kimera. —hizo una pausa larga en la que todos nos estuvimos mirando, impacientes e intrigados. Yo seguía apoyado contra la pared, atento a todo movimiento, apretándome la nariz sangrante con el pañuelo. El padrino nos mantenía sobrecogidos. Nadie decía nada. Dudaba que alguien respirara. El padrino llegaba a ser como Adolf Hitler antes de empezar a plantear su discurso. Mantenía a la muchedumbre atenta durante horas hasta que empezaba a hablar.

   Ante la expectación de todos, el padrino se levantó y mientras se rascaba el mentón con una mano mientras mantenía la otra en el bolsillo, habló de forma pausada, como quien no quiere la cosa:

   —Sepan… que sus vehículos han sido retirados de su aparcamiento para ser llevados a otro lugar y que sus armas iban en el lote.

   Todos pegamos un bote en nuestras sillas. Definitivamente yo empezaba a marearme y a ver borroso. Un sentimiento pesado en el estómago me obligó a mirar por la ventana cuando Arthur se volvió hacia mí y me miró esperando una respuesta. Yo separé dos de las tiras de la cortina con dos de mis dedos y miré al aparcamiento, seis pisos más abajo. Comencé a sangrar por la nariz, esta vez a chorro, por la preocupación, que intenté ocultar otra vez con el pañuelo de mi bolsillo. Miré a Arthur y vi que se quedaba más pálido aún de lo que ya estaba. ¡Sí, los coches han desaparecido! ¡Todos! No quedaba ni uno. Tampoco habríamos debido ser tan considerados al entregar nuestras armas. Analicé nuestra situación desesperada en un segundo. Sólo habían dos armas en aquella sala: una que no funcionaba y otra que estaba bajo la custodia del padrino.

   —No se alarmen, caballeros, y escuchen con atención. La situación es sencilla —se apoyó sobre las dos manos sobre la mesa sin sentarse —. Dejo mi puesto de padrino al mejor de todos. Sepan que han estado a prueba durante toda su estancia en este lugar. He puesto cámaras en cada rincón y me alegra que hayan sabido actuar frente a ellas. Se dieron cuenta de ello. Me encuentro muy satisfecho ante eso. Luego, puse veneno en todas las bebidas que se sirvieron. Estoy asombrado de que todos hayan superado esa prueba. Desconozco quién ha sido capaz de fabricar un contraveneno tan eficaz. Y eso ocultándolo a las cámaras. Caballeros, estoy impresionado. —Yo no sabía si me daban ganas de reír o de clavarle una barra de hierro oxidada entre ceja y ceja. Consideraba a esto un juego. Un juego para él. Me crujieron los nudillos cuando los apreté en un puño. Podría explotar, pero seguí escuchándole. —Me ha impresionado lo eficaces que son ustedes en grupo: la eficacia de Millers, la inteligencia de Ellroy, el conocimiento de Pirelli… Todos en conjunto son unas mentes brillantes. Pero yo me pregunto… —esperó nuestra reacción— ¿cómo son ustedes por separado? —no pude evitar levantar una ceja. Me empezaba a preocupar de verdad. Desconocía qué podía pasar por la mente de aquel docto hombre. Desconocía lo retorcido que podría llegar a ser. —Escuchen con atención. Les voy a someter a la prueba final. La prueba decisiva. En ella se averiguará quién será el nuevo padrino y dirigente de esta Familia. —Esperó— Por favor, no me tomen como a un tirano. Les aseguro que no lo haría si no fuera necesario. Verán. Es muy fácil. Se puede resumir en breves condiciones: Sin normas. El primero que abandone Nevada será el ganador.

   »Claro está que la cosa no será fácil. He contratado a esos “caballeros” de ahí afuera para que cumplan una misión: no dejar supervivientes. —todo el mundo montó en cólera. Algunos se levantaron del asiento para abalanzarse al cuello del padrino, aunque éste fuera my respetado por todos. Pero antes de que ocurriera nada, los matones del padrino irrumpieron en la sala y dominaron a los sublevados. El padrino ni se inmutó, pero alzó el tono de voz a casi colérico— Tienen media hora para prepararse. La cacería comenzará partiendo desde el restaurante. Irán por grupos. El primero saldrá media hora antes que el segundo. Luego sus vidas dependen de ustedes: quedarse y reducir las probabilidades de vivir a cero o huir de Nevada, sobrevivir y convertirse en padrino. Ustedes deciden. El que salga de Nevada deberá reunirse conmigo en el Motel Carson Ville, a veinte kilómetros del condado por la interestatal 48. —con la mirada clavada en Arthur, salió a paso ligero de la sala. Todos nos mirábamos furiosos. Todos pensábamos lo mismo respecto al hombre que acababa de salir con ridícula elegancia. Ahora sí que era un extraño para todos.

   Fuimos traicionados por nuestro propio mesías, aunque de “mesías”, poco y de traición, todo. Con que no lo haría si no fuera necesario… Que yo supiera, no le veía necesidad a morir.

   Ser padrino de una mafia ahora no era para nosotros reclamo si lo comparábamos con la idea de perecer en el intento, pero como decía el padrino; quedarse y morir o huir, vivir y convertirse en el dirigente de la Familia más fuerte de todas. Yo no miraba más allá de lo que veía; quedarse y morir o huir y muy posiblemente morir. Ninguna de las dos ideas me entusiasmaba. Yo no quería ya ser padrino de nada. No cuando habían vidas de por medio. Bien sabía que el resto ni se dignarían a ir a por el “trofeo” (sobrevivir a la muerte y convertirse en el tipo que ahora más odiábamos). La mayoría huiría sin más. Era un riesgo innecesario. Una carrera absurda.


   Yo ya había tomado una decisión incluso antes de salir de aquella sala en la que se había tornado nuestro nefasto destino. Yo no sería uno de los que huiría ni dejaría que el riesgo de morir fuera en vano. No. Si sobreviviera, iría a ver al padrino, pero no para reclamar el trofeo, sino para acabar definitivamente con lo que él no valoraba en nosotros, pero que apreciaba en sí mismo: su vida.

lunes, 23 de septiembre de 2013

BOOK FOTOGRÁFICO

   En esta entrada presento uno de los trabajos que hice para finalizar mis estudios en León y por el que me siento bastante orgulloso. Así, al menos, puedo decir que sigo enseñando cosas mientras preparo la entrada de "Memorias II", continuación de la primera. Cada foto es una de las páginas que comprende un cuadernillo que supuso mi trabajo final con Adobe Photoshop. Cada página está explicada a grandes rasgos. Sólo espero que guste mi trabajo, ya que a él me entrego.